Nada


Nada, Carmen Laforet
Editorial Destino

Esta obra es un ejemplo de la novela existencialista de los años cuarenta y narra la vida monótona de una familia burguesa de Barcelona en la posguerra.
He de decir que esta novela me ha hecho recordar el gusto y la satisfacción de leer un buen libro. Esto se debe a que me he sentido identificada, en parte, con la protagonista, Andrea, que al igual que yo, es una adolescente de dieciocho años a punto de comenzar los estudios universitarios.
Tras la Guerra Civil, Andrea se quedó huérfana y entonces se fue a vivir a Barcelona con su familia materna, a la que había visto por última vez cuando tenía siete años. Allí se encuentra con su abuela, que demuestra tener un gran corazón a lo largo de la obra, sobre todo con sus hijos varones, Román y Juan, a pesar de no ser tan admirables como sus hermanas. Juan vive con Gloria, su mujer, en la misma casa junto con el hijo que tuvieron en común. Llegó a maltratarla en muchas ocasiones.
Desafortunadamente, la violencia machista es un tema que sigue presente en la actualidad y en esta novela he podido acercarme al pensamiento de esas mujeres que no se atreven a poner fin a esa situación porque Juan, a pesar de maltratarla física y psicológicamente, cambia por completo según la situación e incluso le dice a Gloria que la quiere.
La estructura de esta obra es peculiar. La historia de cada uno de los personajes se va descubriendo a través de los otros, como por ejemplo ocurría con Román, al cual hemos conocido un poco mejor gracias a la confesión de la madre de Ena. Esta le rogó a Andrea que retomara la relación de amistad con su hija y tratara de evitar que cometiera el mismo error que cometió ella hacía ya muchos años, enamorarse de Román.
Por otro lado, cabe mencionar el porqué del título de la novela: Nada. Desde mi punto de vista, tiene que ver con los sentimientos de Andrea, quien antes de su llegada a Barcelona tenía grandes expectativas sobre su estancia allí, pero nada fue como ella había imaginado. Llegó a sentirse desubicada, desorientada, vacía y sola. En su casa no había un buen ambiente y le costó hacer amigos, aunque encontró a Ena y a Pons, afortunadamente. Andrea sintió que Pons estaba enamorado de ella y llegó a pensar que ella podría llegar a enamorarse de él por esa necesidad que tenía de sentirse querida.
Andrea afirmaba que en el mundo había gente que había nacido para vivir, otra para trabajar y otra para mirar. Ella se consideraba una mera espectadora de la vida. Todos nosotros hemos llegado a pensar eso alguna vez, pero es necesario ponerle solución. Al final de la historia, Andrea recibe una carta de su querida amiga desde Madrid, ciudad a la que se había mudado, asegurando que su padre tenía un puesto de trabajo allí para ella. Así es como Andrea consigue, al final de la novela, empezar una nueva vida completamente distinta de la que había vivido en Barcelona durante el último año, la cual había estado plagada de trágicos sucesos difíciles de asimilar para cualquiera.

Irene Varas Marcos
2º B Bach.

1 comentario:

  1. Andrés Rodríguez Blanco (2º Bach. A)27 de junio de 2020, 20:11

    Nada, la novela de Carmen Laforet, tiene un tímido aire autobiográfico que no está claro, pero que personalmente creo entrever a lo largo de la obra, principalmente en las descripciones y ambientes de las distintas zonas de Barcelona, así como en la tierna falta de conocimiento de Andrea, dada su juventud, la cual solventa con el paso del tiempo.

    En cuanto al contexto espacial, admiro la precisión y corrección con que la autora se refiere a los distintos lugares que aparecen en la obra: por ejemplo, la calle Aribau, en la que vive la familia de Andrea, representa un ambiente decadente; o la casa de Pons, que refleja la existencia de una juventud burguesa acomodada dedicada a la buena vida. En contraposición, respecto al contexto temporal, me da la sensación de que omitir conceptos propios de la época (bando nacional, rojos…) frecuentemente le hace perder cierta credibilidad. En cuanto a la acción, para mi gusto, es escasa. No transcurre más que un año a lo largo de la novela y los sucesos no tienen un peso demasiado notable, a excepción de unos pocos casos, como el suicidio de Román degollándose con una navaja de afeitar.

    En líneas generales, personalmente no me convence como novela de posguerra, pero, aferrándome a la idea de que se trata de una novela con tintes autobiográficos semiocultos, me parece que, como tal, tiene cierto valor.

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